viernes, 11 de octubre de 2013

Anécdotas. Actores: Groucho Marx



Cínico, ingenioso, dueño de un amplio bagaje cultural, Groucho practicaba la verborragia, la ironía, los juegos de palabras y una sinceridad descarnada para socavar los cimientos, desestabilizar y revelar las miserias de una sociedad donde la hipocresía, el egoísmo y los intereses materiales llevaban la delantera.



Inspección en la aduana                      


Tras regresar de un viaje junto a su esposa, Groucho Marx tuvo que rellenar el típico formulario de inspección aduanera. Haciendo gala de su irónico y peculiar humor contestó algunas de las preguntas con respuestas de lo más absurdas, entre las que indicó que su profesión era la de contrabandista.

Eso hizo sospechar a los agentes, por lo que decidieron cachearle y registrar su equipaje. Tal y como acabaron su trabajo de inspección, Groucho se giró hacia su mujer y le preguntó:


«¿Qué has hecho con el opio? ¿Todavía lo llevas encima?»



Así rellenó Groucho el citado formulario:



Nombre: Julius H.Marx
Dirección: 21, Lincoln Road, Great Neck, LI
Nacido: 
Profesión: Contrabandista
Lista de objetos adquiridos fuera de Estados Unidos, dónde se adquirieron y a qué precio:¿A que te gustaría saberlo?


Free Rooms                                     

En cierta ocasión Groucho se alojó en un hotel de Estados Unidos, que fuera en la calle ponía 'FREE ROOMS' (Habitaciones libres).

Se hospedó durante una semana o dos, y cuando se marchaba del hotel, el recepcionista le dijo: 
- Disculpe Sr. Marx, pero debe pagar su estancia.
A lo que él le respondió: 
- Perdóneme, pero en el cartel ponía "Habitaciones Gratis'' [Free también significa gratis].

Después de esto, el hotel denunció a Groucho Marx por no querer pagar la cuenta, y lo llevaron a juicio, mientras que al final, el juez declaró que la palabra 'Free' en esa frase se puede tomar con ambigüedad, y que el cliente se acogió a la más conveniente para él, por lo que estaba libre de pagar al hotel su estancia.
Desde entonces, todos los hoteles de Estados Unidos ponen el cartel de 'VACANT ROOM' (Habitaciones desocupadas), con lo que no hay ambigüedad a la que acogerse.


Un ascensor y Greta Garbo                  

En 1936, Los hermanos Marx trabajaban para la Metro y subieron por azar al ascensor donde viajaba Greta Garbo. Como la diva no saludaba, Groucho le levantó el sombrero, la miró de frente y le dijo:
 “Disculpe, la confundí con un tipo que conocí en Pittsburgh". 
Pero ella no contestó.



El valor de las cosas                         

"Amor en conserva". Groucho palpando a Marilyn.
En cierta ocasión Groucho se encontró con un conocido que estaba exultante de felicidad tras haberse comprado una fabulosa propiedad frente al mar. Tras ser preguntado sobre su opinión respecto a la importancia de la adquisición, el actor contestó:

«No creo que valga mucho. Le quitamos el océano y ¿qué tienes?»


El director de banco                   

Chico, Groucho, Harpo y Zeppo. Los hermanos Marx.
El quinto hermano, Gummo, no participó en ninguna de
las películas.
Tras recibir una carta del banco, el director de la entidad se despedía con extrema amabilidad y cordialidad, emplazando a Groucho Marx a llamarlo si necesitaba cualquier cosa de él.

Ni corto ni perezoso, el humorista escribió la siguiente carta de respuesta:


«Estimado señor, lo mejor que podría hacer por mí, si es su deseo servirme, es robar un poco de dinero de la cuenta de uno de sus clientes más ricos e ingresarlo a la mía»










Arreglando el jardín                         



A Groucho le encantaba abrazar a
Marilyn. ¿Y a quién no?
Un día, mientras Groucho Marx se encontraba trabajando en su jardín, equipado con un desgastado atuendo de jardinería, una mujer detuvo su Cadillac frente a la casa y trató de convencer  al “jardinero” para que trabajara para ella.

«¿Cuánto le paga la señora de la casa» le preguntó la mujer.

A lo que Groucho respondió:


«Oh, no me paga en dólares. La señora de la casa tan sólo me deja dormir con ella».









Un autógrafo para Marjorie                             



El 8 de enero de 1947, Groucho Marx recibió la carta de una niña llamada Marjorie Nedford. La transcribo entera a continuación:


Querido Groucho Marx:

Mi padre encontró a su hermano Gummo aquí en Palm Springs, y le dijo que si yo le escribía, estaba seguro de que me mandaría usted un autógrafo. Me gustan mucho sus emisiones.

Muy afectuosamente suya,
Marjorie Nedford, 11 años



Y la respuesta del humorista no se hizo esperar. El 15 de enero, una semana después, su admiradora recibió las siguientes líneas.


Querida Marjorie:

Creo que deberías advertir a tu padre acerca de ese Gummo. Durante años se ha hecho pasar por uno de los Marx Brothers y ha sacado buen provecho de ello. En realidad él es tanto uno de los Marx Brothers como Chico es una de las Dolly Sisters.

Confidencialmente ese Gummo procede de una larga línea de gitanos rumanos; fue depositado en el umbral de nuestra puerta a los cincuenta años, y no hay forma de remediarlo.

Ahí va el autógrafo. Te mandaría un mechón de pelo pero está lavándose en la peluquería.

Sinceramente,
Groucho Marx




Hijos a porrillo                               


Durante la etapa en la que compagino su carrera de actor con la de presentador del concurso “You Bet Your Life” (Apueste su vida), Groucho Marx entrevistó a una concursante que había dado a luz 22 hijos.

«Amo mucho a mi marido» explicó la orgullosa madre y feliz esposa.

A lo que Groucho replicó:

«A mí también me gusta mi puro, pero me lo saco de vez en cuando».








Una cuestión de nombres                 




Los Marx estrenaron Una noche en Casablanca poco tiempo después del estreno de la famosa Casablanca de Bogart.

El director de la Warner Brothers, amenazó a Groucho con demandarles por plagio, a lo que éste replicó que ignoraba que la Warner tuviese la exclusiva de uso del nombre de la ciudad y si también había demandado al país al que pertenecía dicha ciudad, por usar este nombre.

Añadió que, de seguir adelante con esta idea, ellos demandarían a la Warner por apropiación de la palabra Brothers, ya que ellos, los Marx, eran brothers desde mucho antes de la creación de la compañía.




Un fumador precoz                          


Cuenta Groucho Marx en una de sus biografías que sus hermanos y él solían viajar en tren con billete infantil, a pesar de ser veinteañeros, ya que se pagaba la mitad.

Minnie, la madre, siempre decía que tenían 13 años, hasta que un día le llamaron la atención y un indignado revisor le reprochó:

-¡Señora, uno de sus “niños” está fumando en el vagón restaurante y el otro, afeitándose en el baño de caballeros!

Minnie puso cara triste y replicó:

-¡Estos hijos míos crecen tan deprisa!




La informalidad del Jefe de estudios                 



Groucho y June McCloy en "Los hermanos
Marx en el oeste".
El jefe de los estudios, donde trabajaban los hermanos Marx, tenía la costumbre de citar a sus estrellas y hacerlas esperar largo rato antes de recibirles.

En una ocasión citó a los hermanos y les recibió después de una espera de casi una hora.
Groucho le comentó que estas esperas lo único que lograban era una pérdida de tiempo, y en consecuencia de dinero, para todos.

El jefe le dio la razón y le dijo que no se repetiría.


La siguiente vez que les citó, cumpliendo con su palabra, les recibió enseguida, pero se ausentó del despacho a los 5 minutos, aduciendo una urgencia.
Los Marx, al ver que el tiempo pasaba y su jefe no regresaba, decidieron amontonar los archivadores del despacho contra la puerta de entrada, saliendo, ellos, por la ventana.


Nueva cita de su jefe, de nuevo les recibe enseguida, pero nuevamente les abandona tras cinco minutos.

A su regreso, tras un lapsus muy grande de tiempo, encontró a los 4 hermanos, desnudos, sentados en el suelo del despacho, asando patatas en una hoguera que habían hecho con los papeles que había encima de la mesa.

Tras reponerse de la sorpresa inicial, el jefe pidió a la secretaria que trajera un poco de mantequilla para las patatas.

Y nunca más les volvió a dejar solos en el despacho.



Las visitas del viejo Groucho                 



Sidney Sheldon.
Con ochenta años y ya retirado del mundo del espectáculo, Groucho Marx adquirió la costumbre de ir cada día a visitar a su amigo y vecino Sidney Sheldon (célebre escritor y guionista premiado en multitud de ocasiones).
Entre las rutinas del anciano Groucho estaba la de tomar un aperitivo en casa de su amigo, que consistía en una manzana y un trozo de queso.
Ya podía llover, nevar o hacer un sofocante calor, que Groucho estaba allí cada día.
Pero al matrimonio Sheldon le surgió la ocasión de ir a vivir una temporada a Roma, por lo que decidieron alquilar la casa durante su periodo de ausencia. Al cabo de unos días Sidney Sheldon recibió una carta de su inquilino que decía:
«Estimado Sidney, nos encanta la casa, pero hay una cosa extraña, ya que todas las tardes se presenta aquí un viejecito, de entre 85 y 90 años, que llama a nuestra puerta y pide un poco de queso y una manzana. Va demasiado bien vestido para ser un vagabundo. Por favor ¿puede decirnos quién es?»






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